Secretos para visitar el Met de Nueva York y no agobiarse

El Met o Metropolitan Museum of Art, de Nueva York, está ubicado en la 5ta. Avenida del lado este de Manhattan, en el número 1000. Específicamente, queda a casi 30 cuadras del Plaza Hotel, ubicado al comienzo del Central Park. Son dos puntos de referencia que es bueno recordar.

Su colección abarca más de 2000 obras de arte de todos los tipos y culturas. Hay piezas de la antigua Grecia, pinturas renacentistas y cuadros del estadounidense Jackson Pollock, bajo un mismo techo.

Sus salas poseen desde interiores completos de palacios franceses y patios españoles —recreados incluso con los adoquines originales—, hasta exposiciones de arte antiguo de Oceanía.

Para no agobiarte con ese enorme legado, te contamos algunos secretos al visitarlo.

Un poco de historia

El Met adquiere renombre luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando también esa ciudad comienza a ocupar el primer plano internacional.

Una gran cantidad de pensadores y artistas europeos tuvieron que emigrar a Estados Unidos, huyendo del devastador conflicto, y varios encontraron refugio en la ciudad de Nueva York.

Las antiguas vanguardias como el surrealismo —nacida, aproximadamente, en la década de 1920—, el impresionismo y otras se vieron suplantadas por las nuevas estadounidenses como, por ejemplo, el pop art.

Ese movimiento artístico junto con los otros se ven reflejados en las salas del Met.

Al Met se lo suele comparar con el British Museum, el Museo del Louvre y el Museo del Vaticano. Al igual que ellos, contiene obras de un valor incalculable para la humanidad.

Lo que hay que ver sí o sí

La primera sala con la que el turista se topará —siguiendo derecho desde la entrada— es la de Arte Medieval. Se recomienda ver los objetos religiosos, que son simplemente inolvidables.

Luego, el museo se divide en dos alas.

Hacia la derecha se halla la sala de Arte Norteamericano —donde se pueden apreciar obras como las esculturas de Powers—, la Sala de Armamento y la Sala de Antigüedades Egipcias —es altamente recomendable ver la Esfinge de Hatshepsut—. También merece la atención el Templo de Dendur —original de Nubia, encargado por el emperador Augusto y construido en el año 15 antes de Cristo aproximadamente y reconstruido en el museo—.

Hacia la izquierda, el edificio se abre en otras salas: la sección de Arte Griego y Romano Antiguo —es posible apreciar miles de esculturas y demás piezas—, las secciones de Arte Americano, Arte de Oceanía y Arte de África —desde escudos de guerra hasta pinturas— y, finalmente, la sección de Arte Moderno y Contemporáneo —que atesora clásicos como “Autorretrato” y “Campo de trigo con cipreses”, de Van Gogh; “La clase de danza”, de Degas; y “La gran ola de Kanagawa”, de Hokusai.

Un último dato: la espléndida tienda de recuerdos o gift shop ofrece reproducciones pequeñas o impresas de lo que el Met ha atesorado a lo largo de su trayectoria, a un precio accesible.

Consejos útiles para no sufrir imprevistos

Al visitar el Met, es vital contar con un mapa digital o impreso, debido al gran tamaño del recinto.

Por otro lado, hay que recordar que solo se permite el ingreso con botellas de plástico, no así con vasos de cartón o de plástico.

En cuanto a los teléfonos celulares, cámaras de fotos y grabadoras, no está habilitado el uso de flashes ya que afectan al patrimonio de la institución.

Algo más: está prohibido hacer dibujos o bocetos de las esculturas y demás objetos, y utilizar bolígrafos, lápices, pasteles, carbonillas y todo elemento destinado a esos fines.

Las filas en el guardarropas son extensas y cansadoras. Es mejor no llevar nada que deba dejarse allí.

Las mochilas grandes, valijas y paraguas grandes directamente están prohibidos desde el acceso. En cambio, se permite el ingreso de coches para niños.

¿Cómo llegar?

Los autobuses que dejan al turista en la puerta del Met son BXM2, BXM6, M1, M2, M3, M79-SBS y M86-SBS.

En cambio, si se opta por el subterráneo o metro, lo llevan las líneas 4, 6 y C. En Nueva York, sin dudas, es el medio de transporte más eficiente, aunque a veces cueste un poco comprender sus recorridos. Ante la menor duda, siempre es bueno consultar con otros pasajeros. La gente es amable y está dispuesta a ayudar en cada momento.

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