Isla de San Andrés: actividades y consejos

¿Qué tienen que ver un pirata galés, un gobernador español y un marinero francés? ¿Se te ocurre alguna idea?

La respuesta es: la isla de San Andrés —y, obviamente, las cercanas islas de Providencia y Santa Catalina—.

Morgan, O’Neille y Aury son tres personajes centrales en la historia de la isla. Principalmente, por aportar fuertes influencias a la cultura de la etnia nativa raizal, que si bien posee un sello propio se fue mezclando con improntas europeas y americanas.

Situada a unos 600 kilómetros al noreste de Colombia continental, la isla de San Andrés es una de las zonas de corales, flora y fauna marítimas de mayor valor de la región.

En cuanto a la gastronomía, en la isla se ofrecen platos con pescados y frutos de mar, principalmente los mariscos, los pargos y los cangrejos, acompañados con arroz con coco, patacón –preparación frita a base de plátanos verdes–, ñame –un tubérculo similar a la papa o patata– y frijoles o porotos. Su plato emblemático es el rodón, un guiso típico caribeño que consiste en distintas clases de pescados o cangrejos, servidos con plátano, ñame, tomate y cebolla, y servidos en agua de coco. Es súper recomendable.

Veamos, ahora, algunas de las actividades más populares para hacer en la visita a San Andrés y ciertas recomendaciones.

¿Qué se necesita para llegar?

La forma habitual para llegar a la isla es en pequeños aviones.

Debe tenerse muy en cuenta que la capacidad de esos aparatos y el equipaje que admiten son limitados. Además, se hace necesario adquirir una “tarjeta de pase” para entrar a la isla. Cuesta entre 100.000 y 150.000 pesos colombianos —algo así como USD 40 dólares, aunque este valor puede actualizarse—.  El pase es obligatorio y se compra en el aeropuerto, donde lo cobra cada línea aérea.

Playa Spratt Bight

La playa Spratt Bight es la clásica de la isla y se sugiere visitarla debido a la baja presencia de algas en las orillas, lo que permite bañarse en el mar con la máxima comodidad.

Posee aguas completamente transparentes y eso favorece las distintas actividades subacuáticas que se pueden realizar.

Una de ellas es el snorkelling. Al ser tan translúcidas las aguas, es posible apreciar la increíble y diversa vida marina, y los impresionantes corales —se debe tener cuidado de no pisarlos—. Cuánto más el turista se adentra en el mar, mayores maravillas descubrirá.

Por otro lado, si el viajero lleva su propio snorkel podrá practicar este deporte totalmente gratis —sin alejarse de la orilla ya que los peces se encuentran a simple vista y cerca—.

Además, existen opciones para los fans del windsurf y otros deportes.

Aparte de esto, es sumamente práctico alquilar un pequeño auto eléctrico para recorrer la isla con libertad y sin estar condicionado por los tours. El valor es accesible.

La isla Johnny Cay o islote Sucre

Comprando un ticket, que se consigue en tiendas de servicios de turísticos o en un pequeño muelle de donde salen las embarcaciones —cerca de la Avenida Newball—, se accede a la isla Johnny Cay o islote Sucre, un destino imperdible.

Este islote es célebre por sus arenas blancas y sus aguas extraordinarias.

En el viaje en lancha se brindan instrucciones acerca de lo que está permitido y lo que no. Luego, se puede visitar el breve territorio —hay servicios de lockers disponibles para alquilar, si es que se prefiere no cargar con mochilas u otros elementos durante el recorrido—. El lugar cuenta con varios restaurantes típicos —se debe tomar, casi obligatoriamente, un coco loco, trago que contiene alcohol— y una gran atracción: el acuario.

Se trata de un acuario natural. Se lo recorre haciendo snorkelling o buceo con grupos de turistas. Así es posible ver algunos de los peces y corales más bellos del mundo. Cuidado: también hay mantarrayas o mantas gigantes que no se deben tocar por cuenta propia —es peligroso—, pero sí cuando un instructor lo indique.

Finalmente, una costumbre arraigada es sacarse fotos con estrellas de mar vivas que se entregan en la barca al regresar. Siempre se las devuelve al agua para cuidar el ecosistema.

Quien ha estado en la isla San Andrés y sus alrededores puede decir, con absoluta propiedad, que conoció por un rato el tan soñado Paraíso.

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